Transito Neptuno trigono Mercurio

Dormía, aunque hacía dos horas que había cerrado los ojos, los abre al escuchar desde su habitación unas oraciones que simulaban una misa. Aquellos días había estado interesada en mantras védicos, también en invocaciones y rezos, cuando al despertar por las mañanas solía como primera actividad acomodarse sentada con la espalda bien derecha y entre agradecimientos algun  pedido a entidades invisibles realizaba en meditación. Era cristiana, pero también quería ser hindú, también budista, también creyente de todas las religiones como llaves hacia la eternidad. De pronto aquella mañana de domingo, la había despertado una voz que repetía "amén" después de algunas otras palabras que no lograba oir claramente. Se trataba de una misa que algun vecino escuchaba a través de la radio o la televisión a un volumen muy fuerte. Si cerraba la ventana seguía sintiendo los sonidos aquellos. Necesitaba dormir, se había acostado hacía dos o tres horas por quedar atendiendo entretenimientos de internet, de videos, de películas, de lecturas, en soledad. Sacó la cabeza por la ventana para alcanzar a ver el sonido con más precisión, no encontraba de qué vecino se trataba, podía ser de abajo, de arriba, de enfrente, aunque parecía venir del centro vacío de todas aquellas ventanas linderas a la suya. Parecía venir del aire mismo sin origen y hacia su destino. Volvió a acostarse, pero la misa comenzó a escucharla más fuerte, ilusión o realidad, era cada vez más auditiva la palabra del cura, del religioso, de quien estuviera a cargo de aquella misa. Se vistió con lo primero que encontró y salió de su departamento para tocar el timbre de los vecinos y pedir cerraran las ventanas o bajaran el volumen. Era domingo, ocho de la mañana. Tocó algunos timbres, atendió solamente una persona, descartó a los restantes, cuando el vecino comentó que no sabía nada de aquella misa de la que se quejaban. Volvió a entrar al edificio, pero en vez de volver a su departamento, subió algunas escaleras para encontrar el origen de esos sonidos y encontrar el causante de aquello en persona y no a través del portero eléctrico. Mientras subía creía poder sintonizar mejor de qué puerta vendría, pero al acercar el oído a ellas, no parecía venir de ninguna. Subió otro piso y otro y de ningún departamento el sonido salía, pero seguía escuchándolo. Mas bien parecían desocupados, o con personas durmiendo, silencios y vacíos salían de las puertas a las que acercaba su oído. Pensó sería el edificio de al lado quien provocaba esa situación. Volvió a salir, tocó el timbre de algunos pisos del otro edificio, atendió solo una mujer que decía escuchar la misa a todo volumen pero sin saber de dónde vendría. Creía que esa era la mujer que lo causaba y que la estaba engañando, cuando le dijo apenada "es que es domingo y tan temprano" y la mujer le contestó "es que los domingos temprano se da misa". La conversación había sido obvia y a la vez incongruente.  Se excusó y volvió a su casa. Los rayos de sol la despertaban cada vez más. El calor era agobiante. Al volver a su habitación, escucho claramente "ojo por ojo, diente por diente" y luego algunas siguientes palabras que no atendía con nitidez. Recordaba las veces que el volumen de algunas de las canciones que solía escuchar podía haber  afectado tantas veces  a los vecinos. Sin explicación salió a la calle nuevamente, salió sin rumbo y comenzó a caminar. A tres cuadras había una iglesia, en un instante de pisar hacia adelante, se sugirió presenciar la misa, se imaginó sentada allí. Esquivó ese camino y repitió un mantra védico, luego un mantra cristiano, bajo rayos de sol y calor. Esa mañana no había meditado su costumbre al despertar, esa intervención sonora le cambió la rutina, la sacó de su cama, le cambió el sueño, la alteró en una búsqueda de visualizar de donde vendría aquella voz que presidía la misa católica. No poder poner imagen al sonido la confundía demasiado en la búsqueda. Unos cuantos minutos después volvió a su casa más cansada, aunque advertía que el día estaba precioso con algunos paseadores de perros, las calles casi vacías, y los árboles bien verdes. Al entrar a su departamento el sonido no lo notaba, cuando llegó a su habitación buscando estuviera allí todavía presente aquella voz sin origen, ya había desaparecido y no concibió volverse a acostar.

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