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Tránsito de Mercurio oposición Plutón

Caminan por la calle dos hombres, uno de saco negro y el otro de remera. Este último se siente muy observado por un mendigo que merodea la misma cuadra, cree que va  a ser atacado y se acerca pecheando  para pelear, pero no pasó nada.
Unos minutos después en zonas oscuras de un barrio ténebre dos policías los detienen a ambos porque buscaban un prófugo de saco negro. Pero no pasó nada.
Siguieron rumbo en silencio, enojados, irritados, hasta que el de saco negro le dijo al hombre de remera que por su culpa casi se agarraban a las piñas con el mendigo. El de remera se calló mirándolo. Pensó en que cuando la policía lo detuvo  había sido por estar con alguien de saco negro. Pero no le dijo nada.

Tránsito Mercurio cuadratura Saturno

Fue la semana pasada cuando estando sola  llegué a un punto, entre tantos que habían en mis pensamientos, al punto en que me di cuenta que no entendía nada. Estaba en un brete, en una encrucijada, entre muros que  prevenían que siguiera escapando a través de mi mente. No entendía nada sobre mis propios procesos mentales,  por lo que me obligó a frustrarme para evitar  malas interpretaciones.  Nada fluía para seguir ese mismo pensamiento. Prácticamente no entendía qué vuelta más le podía dar al asunto y así frené yo y antes mi mente.  La idea que tenía realmente no tenía más posibilidad de elucubración. Me había equivocado y lo hice por años hasta esta semana pasada que quedó el pensamiento anudado de tal forma que eran evidentes mis carencias y bloqueos. Imposible compartir el momento, hablarlo con nadie. Me sentí impelida a crecer, detenerme en el nudo y analizarlo con seriedad.
Luego de esa semana las ideas empezaron a aclararse, discriminé con más autoridad pensante mi siguiente paso, pensé en la practicidad ulterior, en el rendimiento de mi cerebro y en la paciencia para respirar mejor las palabras que pienso.

Tránsito de Mercurio conjunción Luna

Entre la duda sobre salir o no de su casa a hacer el  maldito trámite retrasado, logró poner envión y salir. Se miraba en todos los espejos para saber si convenía dar la cara al mundo o mejor esconderse unos días mas. Se miraba en todas las vidrieras como un síntoma de compulsión,  como si no recordara sus propios gestos y caras al caminar bajo el sol. Cruzó una calle y otra y otra, hasta que se encontró con alguien de la adolescencia. Se sorprendieron de verse las caras quince años después. Eran amigos íntimos y muy queridos. Se intercambiaron mails, teléfonos y se actualizaron algunas historias. La amiga le dijo que podrían juntarse a tomar un café algún día. Y al instante agregó: con leche, como sé que te gustaba. Y pensó inmediatamente que esos recuerdos son aquellos que no se borran. El comentario lo hizo recordar a él otra cosa... en su casa cuando eran chicos siempre encontraba moneditas de diez centavos en el suelo porque a ella no le gustaba juntarlas. Pero para qué servía ese recuerdo y por qué algunas cosas quedan en el cerebro impresas por la imagen perpetua y otras no. Qué razón habría oculta o no, para fragmentar aquellos detalles de toda la complejidad de las experiencias y tenerlas presentes en encuentros fortuitos. Entonces aceptó el café con leche y le dijo que estaba contento  de verla bien y que siempre la recuerda. Pero no detalló que en su mente sólo estaba el tema de las moneditas. No podía agregar eso a la inesperada conversación. No tenía sentido. Hasta que lo dijo...sabés que yo todavía me acuerdo que en tu casa siempre encontraba moneditas y te las juntaba. Ella rió pero dio por finalizado el encuentro y se despidieron hasta nuevo aviso. Unos minutos después haciendo el trámite le pidieron cuarenta centavos de cambio. Buscó en su saco, en su pantalón, en cada bolsillo y no encontró...uf no tengo cambio, siempre pierdo las monedas, contestó. 

Transito de Mercurio oposición Neptuno

Subí las persianas de mi habitación. En frente los vecinos, una pareja de viejitos a la vista, en una ventana a dos metros de la mía, abierta. Escucho al anciano  cómo le grita a la mujer, le grita una y otra vez, mientras ella permanece sentada. No se entiende qué le grita pero parece maltratarla . Sólo se  lo ve sostenerse del respaldo de un sillón que esa viejita ocupa cada tarde. Se le ve su torso y cara  frente a la ventana  y al hombre con una mano apoyada para hacer fuerza con la otra  con gestos de acusaciones. Ella no lo mira, está aferrada a la vista perdida y sus oídos parecen sordos. Yo me quedo mirando, curioso de la pena, intentando escuchar esas palabras que parecían otro idioma, solo podían óírse las eses que exageradamente pronunciaba  y  que polulaban por el aire sin dar formar a nada que yo pudiera intervenir ó salvar desde mi tímida mirada. Mi teléfono sonó, tuve que alejarme de la ventana un instante pero era un llamado equivocado. Volví a mirar asomando solo un ojo, espiando la lástima y sentado ahora estaba el anciano.


Tránsito de Mercurio trígono Neptuno

Antes de dormir, siguió leyendo un libro en la misma hoja que lo había dejado esa tarde. Y no pudo concentrarse en las oraciones, aunque sus ojos las seguían una debajo de otra, paralelamente su imaginación divagaba por sobre esas palabras. Era un esfuerzo decodificar las letras y leer la historia, parecía nadarla a su propio gusto, ó a gusto de su imaginación. Así cuando se daba cuenta de avanzar en las oraciones y no comprender nada, buscaba perdida el comienzo, así pasó muchas veces. No se rendía pero volvía a pasarle lo mismo, todo su propósito era lograr la calma y el sueño pero su mente la llevaba a soñar con lo idílica que podría ser su vida,  hasta que entre tanta ceguera leyó "historias soñadas ó patrañas" y atendió con ilusión lo que decía. La ilusión de estar frente a un mensaje sugestivo y con rumbo hacia otro desconcierto: ¿acaso lo que la distraía pensando no eran historias soñadas? todas esas emociones por las que nadaba en esa lectura parcial eran patrañas de su imaginación. ¿pero quién domina el momento? ¿Debería dirigir mis pensamientos leyendo historias de otros en páginas sin colores? Pero la respuesta estaba en esas palabras "historias soñadas ó patrañas", al notar que su imaginación también provocaba sincronicidades.

Tránsito de Mercurio cuadratura Venus

La llamó un amigo de esos con los que se puede flirtear y que estaba perdido. Más que perdido olvidado, ó más que olvidado distanciado. Estaba en otra ciudad, en otro país, en otra coordenada, pero llamó ese día y tardó en contestar hasta que lo hizo y esa voz la fascinó. Su "como estás" fue lo más dulce que escuchó desde que despertó, no era una pregunta retórica, era verdaderamente interesada. Igual ella solo pudo contestar: -¡vos contame cómo estás, tanto tiempo!- El habló de su estadía ahí, de las costumbres, del ocio y  de las ganas de verla. -¿estás sola?. Ella dijo: -ahora sí, vos?. Y se miró las uñas, acomodó mejor el teléfono en su oreja y esperó la respuesta. Pero el contestó: ¿y estás tan linda como siempre?.  Y  ella quedó callada susurrando una risa y así una pregunta nunca recibía su respuesta. Todas eran preguntas, puras preguntas que no tenían más que más intrigas y ni una solución. Tampoco había problemas pero la distancia era verdaderamente la incomodidad,  tuvo que preguntarle cuándo vendría a verla, cruzando las piernas y llevando la voz a una linda melodía. Él contestó: ¡venite vos, te invito cuando quieras!. 
Y esa no era una pregunta. Al fin una respuesta sin pregunta. Ella inmediatamente dijo que le alegraba escucharlo y él también le dijo que la escuchaba tranquila y eso le gustaba, que quería verla, que pronto lo haría y se despidieron hasta nuevo aviso.