Demasiado viento en esa zona, con su pelo enmarañado cubierto por la locura. Eran las seis de la tarde, a veces las seis de la mañana, pero siempre veía a esa hora los mismos vidrios rotos. Debió arreglarlos pero en eso de ir a la vidriería, el viento lo llevaba a tantos otros lugares que no encontraba dirección alguna. Al fin cito a alguien y lo esperó en su casa, al llegar le abrió la puerta y se cerraron todas las ventanas cayendo más de aquellos vidrios rotos. -Se da cuenta!, no hay forma de mantenerlos intactos! dejaré la puerta abierta y asi usted podrá arreglarlos- El hombre cambió los vidrios y así cerro finalmente la puerta, pero ese encierro, esa falta de viento, ese pelo peinado, ese conformismo mental, el cuadrado intacto lo estremeció tanto que abrió la puerta y se marchó al viento desatado. En la calle se encontró con alguien y lo invitó a su casa, charlaron algun rato de la nada, que abrió las ventanas porque aire hacía falta. Cuando despidió aquella visita volvió a abrir la puerta y las ventanas se cerraron violentas rajándose de a poco otra vez los vidrios recién cambiados.
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L´aura